El estrés se produce como consecuencia de ciertas restricciones y exigencias que se actúan sobre nosotros. Las restricciones evitan que hagamos lo que deseamos y las exigencias nos piden un mayor esfuerzo en algo. En concreto, el estrés se produce cuando tratamos una situación de restricción o exigencia cuyo resultado percibimos como importante e incierto a la vez.
El estrés nos afecta como individuos, pero también afecta nuestras relaciones con los demás. En una empresa, por ejemplo, las decisiones que se toman bajo presión no suelen ser las mejores. Ni que decir tiene que un ambiente de trabajo crispado por personas estresadas no es el idóneo para un óptimo rendimiento, por no mencionar la forma totalmente negativa en que los clientes perciben esto—no olvidemos que los clientes tratan con personas, no con empresas—. Por último, el absentismo laboral por enfermedades relacionadas con el estrés como la ansiedad o depresión es cada vez es mayor, y repercute directamente en los costes y productividad de las empresas. Los directivos deben dejar de ver el estrés como un problema del trabajador, asumir que es un problema de la organización y buscar soluciones.
El estrés no siempre es negativo. Resulta que, hasta ciertos niveles, el estrés se puede utilizar positivamente para obtener lo mejor de uno mismo.
Un nivel moderado de estrés hace que nuestra productividad aumente. Un nivel excesivo produce el efecto contrario. El problema es que cada persona reacciona de manera diferente a un mismo estímulo. Lo que para uno es un acicate que le permite mantener la adrenalina en circulación, para otro puede suponer una presión excesiva.
El distrés es un estímulo negativo que te hace más débil, más inseguro y te incapacita para hacer cosas. Sin embargo, el eustrés (eu- es un prefijo griego que significa “bueno”), es el que nos permite superar nuestros límites, reaccionar positivamente ante cualquier tipo de amenaza y salir de nuestra zona de confort para crecer y mejorar.
Según el origen y el nivel de estrés adquirido, éste se puede reducir de diferentes maneras: a través de una mejor gestión del tiempo, buena alimentación, ejercicio, planes de carrera profesional, cambio de trabajo, técnicas de meditación y relajación, acudir a profesionales de la salud mental, etc.
Sí, el estrés afecta a la productividad, pero, sobre todo, te afecta como persona. Cuando notes los primeros síntomas empieza a tomar medidas, antes de que la situación se convierta en algo serio y complicado de manejar.
Si el origen principal de tu estrés el la presión generada por todos los compromisos que has ido adquiriendo tanto en tu trabajo como en tu vida personal, los cuales demandan constante e innecesariamente tu energía y concentración, un método de gestión personal como GTD puede ser de gran ayuda. Si conscientemente capturas, revisas y renegocias los compromisos que tienes contigo mismo y con los demás, en cierto modo, para tu mente están hechos.

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